jueves, 26 de noviembre de 2009

Arde la Troya del Bicentenario

La campaña presidencial de este año es más que peculiar, puesto que ha ocurrido simplemente de todo durante su transcurso en este agitado año 2009. Desde los faranduleros dimes y diretes hasta las nuevas alianzas populistas, impensadas hace años atrás, han ido colmando poco a poco este gran circo, que comienza a arder como la epopeyica Troya.

Las elecciones presidenciales se supone que deben tener un matiz de sublime distinción mediática, que las haga, por ende, realmente importantes para el ciudadano común y corriente. Además, deben poseer ese elemento de grata novedad que cautive al chileno, para no aburrirlo con latosos discursos políticos, después de todo cada una ha tenido su amusement y ésta no será la excepción.

Pero antes miremos al pasado por un segundo. La elección de 1989 significó la vuelta a la democracia, y su elemento de novedad era de qué modo esta “Concertación de partidos” velaría por un gobierno que la gente le había otorgado con sudor y lágrimas, en un Chile post régimen militar. Luego tenemos a Frei, donde la sorpresa sería cómo se llegaría a finalizar con los llamados “gobiernos de transición”, y toda la semántica que esto escondía.

Después tuvimos a Lagos y Lavín agarrándose a coscachos por cada voto; Lavín demostró que la derecha puede ganar terreno en los sectores populares y el ex presidente Lagos concertó todas las fuerzas para evitar que el gremialismo ganara, una lucha de proporciones épicas. Cinco años después llegó nuestra actual presidenta -y me ganaré un machista award por esto-, buscando demostrar que las mujeres podían gobernar, además de poner en el tapete temas como la igualdad de géneros y un sin fin de “nuevas propuestas”. ¿Lo logró o no lo logró?, esa es tarea para la casa.

Volviendo del lapsus, lo que nos atañe ahora es el circo del cual estamos siendo espectadores. Hoy más que nunca podemos decir que la elección está reñida, incluyendo a fenómenos caricaturescos como MEO. Aunque no es más que una candidatura sin un mayor soporte que ilusos universitarios, que no ven el trasfondo de cuatro años de gobierno con un parlamento dividido en dos.

Frei por su parte, hace lo imposible por evitar hundirse y al parecer usará hasta lo último que esté a su alcance para lograrlo, esto incluye la prostitución. Sino preguntémosle a todos los comunistas que están en su pacto, en una especie de ambigüedad bastante chistosa donde tienen candidato presidencial propio –sí, Arrate es candidato a presidente-, el cual critica nuestro sistema social, pero a la vez apoya a las filas centroizquierdistas. Promiscuidad al mejor estilo Sodoma y Gomorra.

¿Qué nos está ocurriendo? Estas elecciones sí que han sido de lo más bizarras, Allende y Montalva se deben estar revolcando en sus tumbas viendo como sus hijos pródigos, sus descendientes directos utilizan sus figuras para adquirir popularidad.

La campaña electoral 2009 podemos resumirla como la menos austera de la historia, es sin duda la más vendida en años. Todos los candidatos de algún modo participan en la promoción: “vote por pepito, lo salvará del apocalipsis“. Es cosa de ver cada bando: Piñera nos recuerda a Obama con sus multimillonarios gastos y su arenazo; por su parte Frei se proclama como sucesor de Allende –en sus sueños claro-. ME-O llega con su cuento de que la política está gastada y esta especie de demagogia juvenil; y por último Arrate, utilizando la psicología inversa llama al electorado desilusionado, “si todos muestran mucho para ganar, yo muestro poco”, mejor que no muestre nada y todos felices.

No obstante, quien decide el futuro de esta lucha será nuestro público elector, nuestros queridos inscritos en el SERVEL (me encanta la gente comprometida). Todos aquellos que decidieron inscribirse en nuestros registros electorales y decidieron tener voz y voto este 13 de diciembre serán los que, tras meses de escuchar payasadas y ver campales batallas por míseros votos levantarán su pulgar, al mejor estilo romano, y nos dirán quién vive y quien muere.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El fenómeno ME-O: Las reglas han cambiado

Es la primera vez en la reciente historia chilena que unas elecciones presidenciales son tan entretenidas de analizar. Desde la vuelta a la democracia en 1989 que no se veía tanta efervescencia – y por cierto, tanta incertidumbre del futuro –en nuestra política. Ni la revolución feminista de las elecciones del 2005 de Bachelet contra Piñera fue tan “renovadora” como lo es nuestro actual cuadro político.

Partimos en un plebiscito en 1988, donde el pueblo chileno debió escoger entre la continuidad de un gobierno militar que, si bien, había reconstruido la patria dándole la estabilidad que tanto añoraba, se había perpetuado en el poder. 17 años de un mismo gobierno, a la larga, nunca serán buenos para el país y esta vez no fue la excepción.

Siguiendo esta línea de alternancia en el poder, nuestro país vive nuevamente aires de un “pseudo plebiscito”, donde, esta vez, tenemos que escoger entre: continuar con la Concertación a la cabeza o darle la oportunidad a la centro derecha chilena – que tantos años ha luchado por el poder, nuevamente el destino de la nación se encuentra en manos de la democracia.

Sin embargo, las elecciones este año son mucho más que “pseudo plebiscito”, puesto que vivimos un extraño fenómeno de desvirtuación de nuestro sistema binominal donde, más allá de los dos grandes bloques políticos (Concertación y Coalición por el cambio) aparece un movimiento independiente el cual parece proyectarse como un nuevo referente político chileno; personificado en la figura del Sr. Marcos Enríquez-Ominani, ex PS y candidato a la presidencia.

Enríquez-Ominami o ME-O, como lo bautizó la prensa, ha pasado de ser un don nadie en las encuestas a ser una real apuesta al sillón presidencial, logrando – incluso – ser más competitivo en una eventual segunda vuelta que el candidato oficialista. ¿Cómo ocurre esto, si el sistema está creado para trabajar en dos bandos?

Nuestro sistema político está diseñado de tal modo que agrupa a las mayorías a luchar, 50 – 50, lo cual - como todo sistema político – tiene sus beneficios y desventajas. Uno de los aspectos positivos es que reúne grandes bloques, o sea, gracias al binominal podemos decir que Chile vive de la mayoría.

Sin embargo, una gran desventaja de este sistema es que excluye de manera arbitraria a las minorías y eso puede llegar a ser, incluso anti-democrático. He ahí que la figura de los díscolos no tengan mayor impacto en nuestra nación. El ejemplo más cercano es la denominada “izquierda extra parlamentaria”, la cual es integrada por diversas ramas más radicales que pregonan un sistema social de mercado.

El fenómeno de los díscolos toma un ribete bastante peculiar esta vez. ME-O decide lanzar su candidatura criticando a la Concertación por estar “agotándose y no ser la misma de antes”. Después de su renunciar y formar un comando político, el panorama electoral se parece de algún modo a los 3 tercios que existían antes de 1973; Piñera encabeza el primer bloque y ME-O junto a Frei se matan por llegar al segundo.

El fenómeno del ex PS es bastante especial, ya que existe un desencanto general con la Concertación, pero también hay un temor a que la derecha gobierne. Ante esta ambigüedad nace ME-O.

Yo me pregunto, ¿qué tan mesiánica podrá ser una candidatura que no proyecta ninguna estabilidad para el país, en la que no existe un equipo de trabajo y en donde no hay una lista parlamentaria fuerte que le sirva de soporte en el congreso?

Además quisiera preguntarle al Sr. Enríquez-Ominami en su eventual gobierno, ¿Con quién negociarás los acuerdos políticos? ¿Con la derecha o con la Concertación? Francamente es imposible, a mi juicio, contestar esta pregunta. Ni el presidenciable tiene la respuesta, lo más seguro es suponer que volverá a sus filas oficialistas diciendo “aquí nada ha pasado”.

Lo que sí rescato de esta aventura es la conformación de un nuevo pseudo bloque político, de ser así, ésta sería la última elección presidencial que usaría el sistema binominal, tenemos a la Coalición por el Cambio, a la Concertación y al movimiento de ME-O.

El temor más grande y el motivo por el cual no creo que sea conveniente que Marco salga, es que él aún no se pone la camiseta con un proyecto sólido. Todo se ve muy ambiguo, muy gris, muy poco cuajado. Esta candidatura parece el capricho de un chico con talento que llegará a transformarse en un proyecto individualista, donde simplemente nuestro “chico”, tal hijo pródigo, terminará volviendo a las filas centro izquierdistas que tanto ha criticado.