jueves, 19 de noviembre de 2009

El fenómeno ME-O: Las reglas han cambiado

Es la primera vez en la reciente historia chilena que unas elecciones presidenciales son tan entretenidas de analizar. Desde la vuelta a la democracia en 1989 que no se veía tanta efervescencia – y por cierto, tanta incertidumbre del futuro –en nuestra política. Ni la revolución feminista de las elecciones del 2005 de Bachelet contra Piñera fue tan “renovadora” como lo es nuestro actual cuadro político.

Partimos en un plebiscito en 1988, donde el pueblo chileno debió escoger entre la continuidad de un gobierno militar que, si bien, había reconstruido la patria dándole la estabilidad que tanto añoraba, se había perpetuado en el poder. 17 años de un mismo gobierno, a la larga, nunca serán buenos para el país y esta vez no fue la excepción.

Siguiendo esta línea de alternancia en el poder, nuestro país vive nuevamente aires de un “pseudo plebiscito”, donde, esta vez, tenemos que escoger entre: continuar con la Concertación a la cabeza o darle la oportunidad a la centro derecha chilena – que tantos años ha luchado por el poder, nuevamente el destino de la nación se encuentra en manos de la democracia.

Sin embargo, las elecciones este año son mucho más que “pseudo plebiscito”, puesto que vivimos un extraño fenómeno de desvirtuación de nuestro sistema binominal donde, más allá de los dos grandes bloques políticos (Concertación y Coalición por el cambio) aparece un movimiento independiente el cual parece proyectarse como un nuevo referente político chileno; personificado en la figura del Sr. Marcos Enríquez-Ominani, ex PS y candidato a la presidencia.

Enríquez-Ominami o ME-O, como lo bautizó la prensa, ha pasado de ser un don nadie en las encuestas a ser una real apuesta al sillón presidencial, logrando – incluso – ser más competitivo en una eventual segunda vuelta que el candidato oficialista. ¿Cómo ocurre esto, si el sistema está creado para trabajar en dos bandos?

Nuestro sistema político está diseñado de tal modo que agrupa a las mayorías a luchar, 50 – 50, lo cual - como todo sistema político – tiene sus beneficios y desventajas. Uno de los aspectos positivos es que reúne grandes bloques, o sea, gracias al binominal podemos decir que Chile vive de la mayoría.

Sin embargo, una gran desventaja de este sistema es que excluye de manera arbitraria a las minorías y eso puede llegar a ser, incluso anti-democrático. He ahí que la figura de los díscolos no tengan mayor impacto en nuestra nación. El ejemplo más cercano es la denominada “izquierda extra parlamentaria”, la cual es integrada por diversas ramas más radicales que pregonan un sistema social de mercado.

El fenómeno de los díscolos toma un ribete bastante peculiar esta vez. ME-O decide lanzar su candidatura criticando a la Concertación por estar “agotándose y no ser la misma de antes”. Después de su renunciar y formar un comando político, el panorama electoral se parece de algún modo a los 3 tercios que existían antes de 1973; Piñera encabeza el primer bloque y ME-O junto a Frei se matan por llegar al segundo.

El fenómeno del ex PS es bastante especial, ya que existe un desencanto general con la Concertación, pero también hay un temor a que la derecha gobierne. Ante esta ambigüedad nace ME-O.

Yo me pregunto, ¿qué tan mesiánica podrá ser una candidatura que no proyecta ninguna estabilidad para el país, en la que no existe un equipo de trabajo y en donde no hay una lista parlamentaria fuerte que le sirva de soporte en el congreso?

Además quisiera preguntarle al Sr. Enríquez-Ominami en su eventual gobierno, ¿Con quién negociarás los acuerdos políticos? ¿Con la derecha o con la Concertación? Francamente es imposible, a mi juicio, contestar esta pregunta. Ni el presidenciable tiene la respuesta, lo más seguro es suponer que volverá a sus filas oficialistas diciendo “aquí nada ha pasado”.

Lo que sí rescato de esta aventura es la conformación de un nuevo pseudo bloque político, de ser así, ésta sería la última elección presidencial que usaría el sistema binominal, tenemos a la Coalición por el Cambio, a la Concertación y al movimiento de ME-O.

El temor más grande y el motivo por el cual no creo que sea conveniente que Marco salga, es que él aún no se pone la camiseta con un proyecto sólido. Todo se ve muy ambiguo, muy gris, muy poco cuajado. Esta candidatura parece el capricho de un chico con talento que llegará a transformarse en un proyecto individualista, donde simplemente nuestro “chico”, tal hijo pródigo, terminará volviendo a las filas centro izquierdistas que tanto ha criticado.