viernes, 20 de agosto de 2010

El Carrito de los Sueños

Dos sopaipillas, dos empanadas fritas de queso y alrededor de 20 minutos de conversación, a veces – tímidamente – forzada, son necesarios para sacarle - entrecortadas y poco seguras - palabras a Cecilia. Esta mujer es el símbolo del emprendimiento en este país, donde una difícil situación económica no ha menguado su espíritu de superación y de hacer de este mundo un lugar mejor.

Por Sebastián Lago.

Son las 14:30 hrs y el bandejón que se ubica al frente de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso comienza – lentamente – a llenarse de gente. Universitarios como secundarios y uno que otro adulto, ya más entrado en años, se dispone a tomar locomoción colectiva rumbo a sus destinos.

Mientras todo este ajetreo – propio de la hora – se toma aquel paradero de buses, el carro de sopaipillas fritas de Cecilia vive un mundo completamente distinto, es como si el tiempo no transcurriera. Serena y concentrada, esta mujer de alrededor de 50 años, sólo tiene una cosa en mente: salir adelante con su negocio.

La historia de Cecilia no es tan simple como la tranquilidad que su rostro refleja, al atender a cada cliente que se acerca a su humilde carro. Con resignación y una mirada perdida, habla sobre su historia más reciente, esa que se escribe con lágrimas y mucha tristeza. Con firmeza recuerda cuando tuvo que salir a trabajar a la calle “la situación económica me trajo aquí, antes vendía afuera del Jumbo pero los carabineros me corrieron de allí”.

Cecilia, sin embargo ha sabido salir adelante, a pesar de los problemas, “un carabinero de los que echó me recomendó que me viniera para acá, que aquí no me harían nada y le agradezco porque no me ha ido mal”, afirma, siempre serena y cocinando lo que mejor sabe hacer.

Con tres hijos, uno de ellos con síndrome de down, para esta mujer el carrito de sopaipillas es su razón de existir. “Todo es para ella”, responde cuando le preguntan el por qué está acá. Su marido es aquel guardián que junto a ella, todo el día y todos los días se ubican desde el amanecer hasta el ocaso, para producir el pan de cada jornada. La situación económica no le da tregua a nadie y ellos deben salir adelante.

A pesar del mucho tiempo que pueda parecer que lleva esta señora, trabajando en este rubro. Cecilia no lleva más de 4 meses laborando en las afueras de la Universidad Católica, mal no le ha ido, comenta mientras atiende a unos escolares que se ven algo apurados y que además olvidan despedirse y dar las gracias. Ella los entiende porque supone que el tiempo les juega en contra.

“A los jóvenes les gustan mucho mis empanadas y sopaipillas”, comenta cuando se le consulta por el día a día en el carro de comida. Los estudiantes son su clientela más fiel, menciona al Seminario San Rafael y al Colegio Salesiano como los jóvenes más fieles que visitan su negocio todos los días.

Higiene y servicio
Si un aspecto de su trabajo, en el cual Cecilia se preocupa mucho, es la sanidad, ya que vender sopaipillas en la calle no proporciona las mejores condiciones de sanidad e higiene que digamos. Para esta labor, ella toma la precaución de guardar cada producto con mucho cuidado en bolsas plásticas, las tapa con paños y así evita que el polvo entre y las ensucie.

Además de eso, se preocupa de hacer cantidades justas de comida para que la gente que las compre siempre adquiera productos frescos y sobre todo tibios. Un aceite bueno siempre marca la diferencia para ella e indudablemente para sus clientes. “Una niña me contó que no le compra al caballero de más adelante porque tiene las manos feas y las uñas sucias”, cuenta con orgullo mientras luce su ornamentaría lo más limpia posible.

Con una tímida risa, comenta que vienen a comprarle muchos jóvenes “pituquitos” que le aseguran una fidelidad absoluta dado su buen servicio y – lo más importante – su buena higiene.

El miedo mayor de Cecilia, a la hora de trabajar, son los delincuentes que frecuentemente oscilan en el sector donde ella se encuentra trabajando. Muchos de ellos se hacen pasar por transeúntes, comunes y corrientes, pero bajo esa cortina invisible se esconden diversos asaltantes que más de alguna vez hicieron pasar un susto a Cecilia, quien, sumisa y expectante, en su carro de comida, sólo pudo observar como más de algún estudiante era brutalmente asaltado.

Emprendimiento y Excelencia en el día a día
Cecilia, en su carrera por superar su condición social y por darle un buen sustento a su familia, se encuentra postulando a un fondo del FOSIS para implementar su carro con diversos enceres. Su idea es lograr convertirse en un toda una microempresaria y para lograr ese objetivo, en estos momentos, se encuentra esperando esa tramitación para “poder mejorar mi negocito”.

Suerte divina o mero azar, usted decide, pero Cecilia - paso a paso - está luchando para salir adelante y poder ser una buena madre y esposa. A pesar de no tener permiso municipal para instalar como corresponde – y con todas las de la ley – un carro de comida, ella, progresivamente, ha ido entregando un servicio muy bueno y que ha sido recompensado con una fiel clientela.

“Los universitarios se han portado muy bien conmigo, me hacen harta propaganda, hay hasta un profesor que ha hablado de mí en la Armada” cuenta emocionada esa y muchas otras recomendaciones que su público le hace.

Sin lugar a dudas el apremio recibido por Cecilia se debe - entre otros factores - a su simpatía y humildad para atender al público, además de su servicio, muchísimo más higiénico que muchos carritos que se ubican en sectores aledaños.

A Cecilia no le gusta servir las empanadas frías, ni tampoco le gusta rellenar los envases de keptuch y mostaza con agua. “¿Para qué?” dice, recordando que a todos nos gustaría comer algo caliente, bien preparado y con aderezo de verdad. “Es rico comerse algo calientito, como me gustaría comerlo a mí, es como lo sirvo”, sentencia la casi microempresaria.

Cecilia prosigue – sin parar – su humilde empresa, tiene fe que sus sueños saldrán como ella quiere, tiene la convicción que podrá darle un mejor futuro a sus hijos y lo mejor y más rescatable. Y lo más importante, tiene la humildad para afrontar con gallardía los problemas que esta sociedad le ha impuesto.

Su vida no ha sido fácil y probablemente no lo será en el futuro, sin embargo, el deseo de ser alguien mejor es algo que ningún universitario, que compre dos empanadas de quesos todos los días, con una tibia sonrisa para saludar a tan noble mujer, podrá llegar a entender.

miércoles, 28 de julio de 2010

Hola, soy Músico Emergente, por eso sueno mal.

Para nadie es un misterio que la industria musical es pésima en Chile. Es cosa de sintonizar el 99% de los diales de nuestra frecuencia modulada (o ampliada) y encontrarse - en casi todas sus sintonías – con música comercial, generalmente con poco contenido.

Camaradas rockeros, la música en Chile, como dijo un personaje chilensis que no citaré: “nos guste o no nos guste”, no es un arte profesional. Antes de ser músico, eres profesor, estudiante, médico, drogadicto, de derecha o de izquierda. Si deseas creerte el cuento de rockstar, hazlo… toca ebrio en algún bar de mala muerte, ante un público seguramente mucho más ebrio que tú… eso, se llama“under”.

Este “under” nacional se caracteriza por contener un acervo increíble de bandas nacionales de todos los estilos que se puedan cruzar por tu mente (catastros no oficiales hablan de no menos de 5000 bandas en el país). Y es que tener 4 amigos para completar una formación, ya te hace miembro de una banda. ¿Tocas bien? ¡Qué importa viejo! ¡Es Arte!.


Lamentablemente, estimados, esta cultura de no profesionalización musical en Chile, nos ha conducido a buscar en el Estado una mano protectora que regale todas las instancias posibles de diversificación musical. ¿Dónde está el incentivo privado? ¿Dónde están las bandas que por sí mismas salen adelante? Claramente no están ahí, muchas de ellas no son profeta en su propia tierra, muchas de ellas se fueron de Chile porque acá no brillaban en la masa.

La música señores es una empresa, y lo será siempre cuando tú trabajes en función de un producto: tu banda y un objetivo: que tu música llegue a todos los oídos posibles.


¿De qué forma puedo lograr eso?, debes estarte preguntando. ¡Simple! Con dinero, más dinero y por cierto MUCHO sacrificio. Miles de horas sin dormir, cientos de horas sin estudiar ni trabajar (¿) y muchas parejas dejadas de lado. (Así es chiquillas, la guitarra puede más a veces).

¿Cómo puedo ser como aquel guitarrista o vocalista que llegó lejos y su disco fue vendido en México y/o Europa? Insisto, pues con todas las anotaciones que te di acá.

Ahora, si la respuesta es tan simple, ¿por qué no todos estamos en México tocando? Porque somos flojos, estimados. Porque el chileno es flojo y de ahí viene el nombre de esta columna. El 99% de los músicos chilenos no se cree el cuento y ni se saca la cresta en post de lo que quiere, al 99% de los chilenos le da flojera soltar un poco de dinero para grabar un buen disco o una buena canción, producir un buen trabajo.

El 99% de los músicos under, suena pésimo, no invierte en equipamiento ni se propone hacer algo serio y profesional….

El 99% es emergente.

viernes, 2 de julio de 2010

Piñera no cierra La Nación


Para el entonces candidato a la presidencia, Sebastián Piñera, el diario “La Nación” se había convertido en una “arma ideológica” y en un “diario de trinchera”, el cual no tenía su carácter ciudadano y además era “poco objetivo”.

Las declaraciones del actual Presidente de la República fueron más que enfáticas respecto al futuro de La Nación, al afirmar que "tengo la firme convicción de que lo mejor para Chile es cerrar el diario”, debido a los roces que mantuvo con este medio durante su última campaña política.

La Concertación, por su parte, se ha encargado de recordarle al presidente estas palabras, con el fin de debatir acerca del presente del diario, ya que los parlamentarios del ex Gobierno alegan una falta grave a los derechos públicos de información, transformando los medios de comunicación masiva en un gran duopolio.

A 100 días desde que Sebastián Piñera asumió el gobierno, calificar como bueno o malo tan corto periodo de tiempo es, según José Piñera, “algo apresurado”. Marcelo Brunet, columnista de La Tercera, es aún más enfático al afirmar que el gobierno ha tenido dificultad en instalarse debido a “20 años de un gobierno de otro signo político”.

El Génesis
El 03 de junio del 2009, en una entrevista dada a la Radio Latina de Limache, el entonces candidato de Renovación Nacional, Sebastián Piñera, anunció su intención de cerrar La Nación, argumentando que el diario no cumplía con el deber de “informar de manera veraz, de ser equitativo ni estar al servicio de todos los chilenos”.

Tras agregar que “los buenos gobiernos no necesitan un diario oficial”, sino que se tienen que “dar a conocer a través de todos los medios de comunicación y de sus obras”, Piñera sostenía que el gobierno de Michelle Bachelet estaba gastando “1100 millones de pesos al mes en propaganda”.

Estas afirmaciones fueron una arista muy recurrida por la oposición a la hora de criticar al actual mandatario. Puesto que, por una parte, Piñera prometía realizar un “gobierno de unidad nacional” y crear un millón de empleos, pero, por otro lado, anunciaba el eventual cierre del diario del Estado de Chile, dejando con ésto a un número indeterminado de periodistas cesantes

Posterior a eso y tras el cierre de campaña, en el Movistar Arena, el martes 02 de septiembre del 2009, Piñera dio un giro a su habitual propuesta de cerrar el matutino. Desde ese día, señaló que en un eventual gobierno suyo, “La Nación va a ser un diario pluralista, respetuoso, y va a tener un estatuto parecido y semejante al de TVN”.

Estas palabras tiene una estrecha relación con las posturas gremialistas que pregona la Coalición, las que consideran que todo orden social debe “basarse en que las sociedades intermedias entre el hombre y el Estado, libremente generadas”. Brunet agrega que “el principio de subsidiariedad, contenido en la Constitución, obliga a un gobierno que cree en dicho principio, a desprenderse de La Nación”.

La Nación y Piñera
Tras el arribo al poder de la Coalición, hubo muchos cambios en la estructura del Poder Ejecutivo y el tema “La Nación” no fue ajeno. El cierre del diario de gobierno estuvo en la agenda pública hasta el 2 de junio de este año año, cuando, en la 32º sesión de la Cámara Baja, se rechazaron dos proyectos de ley de la Concertación que buscaban fortalecer su rol público, con 50 y 51 votos en contra, respectivamente.

‘Analizar los efectos de una posible enajenación de los derechos del Estado en la empresa periodística La Nación’ era el nombre de la sesión extraordinaria en la cual, durante dos horas, y con la presencia en la sala de los ministros del Interior y de la Secretaría General de Gobierno, los diputados, en una acalorada discusión, manifestaron sus opiniones respecto al tema.

Para Gerson Guzmán, editor de Radio Bío Bío internet, la situación vivida en La Nación no cambia para nada el paradigma de los medios de comunicación chilenos. “La prensa está vendida hace rato”, sentenció el periodista.

Por su parte, Marcelo Castillo, ex director del diario, afirma que “La Nación ha pasado a ser un diario oficialista más, donde decía Bachelet ahora dice Piñera". Sostiene, además, que para lograr un pluralismo en los medios de prensa chilenos hay que garantizar la defensoría de los ciudadanos ante los abusos de los medios y buscar la transparencia en el mercado.

Por qué Piñera no puede cerrar La Nación
Sin embargo y a pesar de todo el trabajo realizado, tanto por la Coalición del Cambio, como por la Concertación y el sindicato de trabajadores del diario, el cierre de La Nación está lejos de concretarse debido a una antigua negociación realizada hace casi 20 años.

Una operación realizada durante el gobierno de Patricio Aylwin, le permitió, a un grupo de personas militantes de la UDI, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, llamado “Colliguay S.A”, tomar control de la empresa periodística ‘La Nación’. Ésta incluye al Diario Oficial y tendría un equivalente monetario cercano a los 20 millones de pesos, correspondiente al 29% de las “acciones preferentes” de la compañía.

De esta forma el Estado no puede tomar ninguna decisión sobre La Nación sin la aprobación de Colliguay S.A., ni siquiera puede nombrar al director del medio y ésta tiene derecho a veto en la designación del directorio. Actualmente los socios de Colliguay son los concertacionistas Raimundo Valenzuela, Luis Eduardo Thayer y Enrique Alcalde.

Colliguay S.A, en varias ocasiones, ha manifestado su beneplácito a la idea de cerrar el diario, con lo cual las pérdidas de La Nación, financiadas por los ingresos del Diario Oficial, se convertirían en millonarias ganancias. Sin embargo, existe un problema: para mantener la propiedad del Diario Oficial la empresa está obligada a publicar La Nación. Si Piñera quisiera cerrar el matutino, la empresa podría dejar de percibir ingresos del Diario Oficial.

En resumen, La Nación seguirá siendo un tema recurrente en la opinión pública mientras no se realicen acciones concretas por parte de la autoridad correspondiente. El ex senador, Nelson Ávila, lo afirma al decir que “la realidad de los medios es el reflejo de una sociedad de mercado, la Nación está con el poder”.

El diario de todos los chilenos, ahora más que nunca, será trascendental para el perfilamiento de los medios de comunicación en Chile y su relación con la política y el desarrollo de la opinión y la cultura en el país.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Arde la Troya del Bicentenario

La campaña presidencial de este año es más que peculiar, puesto que ha ocurrido simplemente de todo durante su transcurso en este agitado año 2009. Desde los faranduleros dimes y diretes hasta las nuevas alianzas populistas, impensadas hace años atrás, han ido colmando poco a poco este gran circo, que comienza a arder como la epopeyica Troya.

Las elecciones presidenciales se supone que deben tener un matiz de sublime distinción mediática, que las haga, por ende, realmente importantes para el ciudadano común y corriente. Además, deben poseer ese elemento de grata novedad que cautive al chileno, para no aburrirlo con latosos discursos políticos, después de todo cada una ha tenido su amusement y ésta no será la excepción.

Pero antes miremos al pasado por un segundo. La elección de 1989 significó la vuelta a la democracia, y su elemento de novedad era de qué modo esta “Concertación de partidos” velaría por un gobierno que la gente le había otorgado con sudor y lágrimas, en un Chile post régimen militar. Luego tenemos a Frei, donde la sorpresa sería cómo se llegaría a finalizar con los llamados “gobiernos de transición”, y toda la semántica que esto escondía.

Después tuvimos a Lagos y Lavín agarrándose a coscachos por cada voto; Lavín demostró que la derecha puede ganar terreno en los sectores populares y el ex presidente Lagos concertó todas las fuerzas para evitar que el gremialismo ganara, una lucha de proporciones épicas. Cinco años después llegó nuestra actual presidenta -y me ganaré un machista award por esto-, buscando demostrar que las mujeres podían gobernar, además de poner en el tapete temas como la igualdad de géneros y un sin fin de “nuevas propuestas”. ¿Lo logró o no lo logró?, esa es tarea para la casa.

Volviendo del lapsus, lo que nos atañe ahora es el circo del cual estamos siendo espectadores. Hoy más que nunca podemos decir que la elección está reñida, incluyendo a fenómenos caricaturescos como MEO. Aunque no es más que una candidatura sin un mayor soporte que ilusos universitarios, que no ven el trasfondo de cuatro años de gobierno con un parlamento dividido en dos.

Frei por su parte, hace lo imposible por evitar hundirse y al parecer usará hasta lo último que esté a su alcance para lograrlo, esto incluye la prostitución. Sino preguntémosle a todos los comunistas que están en su pacto, en una especie de ambigüedad bastante chistosa donde tienen candidato presidencial propio –sí, Arrate es candidato a presidente-, el cual critica nuestro sistema social, pero a la vez apoya a las filas centroizquierdistas. Promiscuidad al mejor estilo Sodoma y Gomorra.

¿Qué nos está ocurriendo? Estas elecciones sí que han sido de lo más bizarras, Allende y Montalva se deben estar revolcando en sus tumbas viendo como sus hijos pródigos, sus descendientes directos utilizan sus figuras para adquirir popularidad.

La campaña electoral 2009 podemos resumirla como la menos austera de la historia, es sin duda la más vendida en años. Todos los candidatos de algún modo participan en la promoción: “vote por pepito, lo salvará del apocalipsis“. Es cosa de ver cada bando: Piñera nos recuerda a Obama con sus multimillonarios gastos y su arenazo; por su parte Frei se proclama como sucesor de Allende –en sus sueños claro-. ME-O llega con su cuento de que la política está gastada y esta especie de demagogia juvenil; y por último Arrate, utilizando la psicología inversa llama al electorado desilusionado, “si todos muestran mucho para ganar, yo muestro poco”, mejor que no muestre nada y todos felices.

No obstante, quien decide el futuro de esta lucha será nuestro público elector, nuestros queridos inscritos en el SERVEL (me encanta la gente comprometida). Todos aquellos que decidieron inscribirse en nuestros registros electorales y decidieron tener voz y voto este 13 de diciembre serán los que, tras meses de escuchar payasadas y ver campales batallas por míseros votos levantarán su pulgar, al mejor estilo romano, y nos dirán quién vive y quien muere.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El fenómeno ME-O: Las reglas han cambiado

Es la primera vez en la reciente historia chilena que unas elecciones presidenciales son tan entretenidas de analizar. Desde la vuelta a la democracia en 1989 que no se veía tanta efervescencia – y por cierto, tanta incertidumbre del futuro –en nuestra política. Ni la revolución feminista de las elecciones del 2005 de Bachelet contra Piñera fue tan “renovadora” como lo es nuestro actual cuadro político.

Partimos en un plebiscito en 1988, donde el pueblo chileno debió escoger entre la continuidad de un gobierno militar que, si bien, había reconstruido la patria dándole la estabilidad que tanto añoraba, se había perpetuado en el poder. 17 años de un mismo gobierno, a la larga, nunca serán buenos para el país y esta vez no fue la excepción.

Siguiendo esta línea de alternancia en el poder, nuestro país vive nuevamente aires de un “pseudo plebiscito”, donde, esta vez, tenemos que escoger entre: continuar con la Concertación a la cabeza o darle la oportunidad a la centro derecha chilena – que tantos años ha luchado por el poder, nuevamente el destino de la nación se encuentra en manos de la democracia.

Sin embargo, las elecciones este año son mucho más que “pseudo plebiscito”, puesto que vivimos un extraño fenómeno de desvirtuación de nuestro sistema binominal donde, más allá de los dos grandes bloques políticos (Concertación y Coalición por el cambio) aparece un movimiento independiente el cual parece proyectarse como un nuevo referente político chileno; personificado en la figura del Sr. Marcos Enríquez-Ominani, ex PS y candidato a la presidencia.

Enríquez-Ominami o ME-O, como lo bautizó la prensa, ha pasado de ser un don nadie en las encuestas a ser una real apuesta al sillón presidencial, logrando – incluso – ser más competitivo en una eventual segunda vuelta que el candidato oficialista. ¿Cómo ocurre esto, si el sistema está creado para trabajar en dos bandos?

Nuestro sistema político está diseñado de tal modo que agrupa a las mayorías a luchar, 50 – 50, lo cual - como todo sistema político – tiene sus beneficios y desventajas. Uno de los aspectos positivos es que reúne grandes bloques, o sea, gracias al binominal podemos decir que Chile vive de la mayoría.

Sin embargo, una gran desventaja de este sistema es que excluye de manera arbitraria a las minorías y eso puede llegar a ser, incluso anti-democrático. He ahí que la figura de los díscolos no tengan mayor impacto en nuestra nación. El ejemplo más cercano es la denominada “izquierda extra parlamentaria”, la cual es integrada por diversas ramas más radicales que pregonan un sistema social de mercado.

El fenómeno de los díscolos toma un ribete bastante peculiar esta vez. ME-O decide lanzar su candidatura criticando a la Concertación por estar “agotándose y no ser la misma de antes”. Después de su renunciar y formar un comando político, el panorama electoral se parece de algún modo a los 3 tercios que existían antes de 1973; Piñera encabeza el primer bloque y ME-O junto a Frei se matan por llegar al segundo.

El fenómeno del ex PS es bastante especial, ya que existe un desencanto general con la Concertación, pero también hay un temor a que la derecha gobierne. Ante esta ambigüedad nace ME-O.

Yo me pregunto, ¿qué tan mesiánica podrá ser una candidatura que no proyecta ninguna estabilidad para el país, en la que no existe un equipo de trabajo y en donde no hay una lista parlamentaria fuerte que le sirva de soporte en el congreso?

Además quisiera preguntarle al Sr. Enríquez-Ominami en su eventual gobierno, ¿Con quién negociarás los acuerdos políticos? ¿Con la derecha o con la Concertación? Francamente es imposible, a mi juicio, contestar esta pregunta. Ni el presidenciable tiene la respuesta, lo más seguro es suponer que volverá a sus filas oficialistas diciendo “aquí nada ha pasado”.

Lo que sí rescato de esta aventura es la conformación de un nuevo pseudo bloque político, de ser así, ésta sería la última elección presidencial que usaría el sistema binominal, tenemos a la Coalición por el Cambio, a la Concertación y al movimiento de ME-O.

El temor más grande y el motivo por el cual no creo que sea conveniente que Marco salga, es que él aún no se pone la camiseta con un proyecto sólido. Todo se ve muy ambiguo, muy gris, muy poco cuajado. Esta candidatura parece el capricho de un chico con talento que llegará a transformarse en un proyecto individualista, donde simplemente nuestro “chico”, tal hijo pródigo, terminará volviendo a las filas centro izquierdistas que tanto ha criticado.